jueves, 24 de julio de 2008

MARCO TEORICO


Contexto económico y político

El período 2001-2003 enmarca una de las mayores crisis político- económicas de la historia argentina. El deterioro total del sistema llevó al surgimiento de un nuevo protagonismo social que alcanzó a todos los sectores de la población. El movimiento cartonero emergió en medio de este caos, entre cacerolazos, cortes de rutas, ocupaciones de edificios y asambleas barriales. Para poder entenderlo, es necesario hacer un repaso del escenario que dio lugar a su aparición. Podríamos decir que la crisis de 2001 tuvo lugar debido a la percepción de pérdida de los derechos civiles, políticos y sociales por parte de la sociedad, es decir, la descomposición de los soportes constitutivos de toda la ciudadanía. (1) El conflicto estalló en diciembre del 2001 con la implementación del “corralito”, medida económica que bloqueó las cuentas bancarias del dinero depositado hasta febrero del 2002. La pesificación de los ahorros en dólares implicó la pérdida instantánea de dos terceras parte del capital de la gente. En un día, el dólar triplicó su valor, pasando de la paridad un dólar un peso, a un dólar = tres pesos. Durante este fin de año (2001) se terminó de abrir la grieta entre sociedad y política, producto del descrédito hacia los dirigentes y de la frustración en todas las clases sociales.
La profundización de la crisis económica llevó a un crecimiento acelerado del
desempleo. Todos los indicadores cayeron bruscamente; se paralizaron los créditos y las transacciones comerciales. El riesgo país alcanzó el pico más alto de la historia argentina.
La sociedad se empobreció tan vertiginosamente que se llegó a instalar el sistema de trueque entre millones de personas; su extensión alcanzó al punto de tener que aceptar la moneda de uno de los circuitos como forma de pago de impuestos municipales. Con un sistema político completamente desintegrado, sobrevino una pérdida total del poder simbólico necesario para sostener al gobierno.
La protesta social se constituye así en el recurso político por excelencia. Cacerolazos, piqueteros, “escraches” (2) y demás fenómenos de movilización ganan las calles de Buenos Aires, como muestra evidente de una sociedad defraudada. En medio del desastre emergen los cartoneros, hombres, mujeres y niños que recorren cada noche las ciudades
de la Argentina, revolviendo entre la basura, inventando un trabajo a partir de lo que otros desechan. Autodenominados hoy como recuperadores, los cartoneros se erigen como un símbolo literal de la recuperación entre la miseria, o del intento de restaurar la dignidad a través del trabajo.

Estructura – Identidad

Se calcula que cada noche, cerca de 40.000 recuperadores recorren la ciudad de Buenos Aires, por lo tanto, alrededor de 150.000 personas viven directa o indirectamente del cirujeo (recuperación de artículos desechados como basura) en el área de Capital Federal y sus alrededores. Según el último informe de UNICEF realizado a fines del 2005, la mitad de la población cartonera está integrada por menores de edad. El cartonero es el emergente por excelencia del deterioro del tejido social de una sociedad. La actividad de revolver entre la basura con el fin de encontrar algo recuperable encierra en sí una filosofía de esperanza: donde todo está perdido (o botado a la basura) el cartonero encuentra cómo transformar lo desechado en algo útil. La búsqueda de recursos sería una de las características que define a la actividad cartonera. Comparándola con otros movimientos sociales, los cartoneros tienen un perfil mucho más activo- productivo que reactivo. En cambio de quedarse en la protesta, el recuperador busca producir cambios a través del trabajo.
La identidad en los cartoneros es un fenómeno mucho más social que político, que busca construirse a partir de la recuperación de la dignidad en tanto seres humanos. Este proceso tiene como meta el reconocimiento por parte de la sociedad como trabajadores respetables, ya que siempre han sido marginados. Si bien fue siempre una actividad individual, el trabajo de recuperación de residuos se está transformando en un hecho comunitario, llegando a formar hoy una verdadera cadena social. El primer eslabón comienza en el consumidor que deja la basura en bolsas diferenciadas; luego pasa por el recuperador que la recoge y clasifica, continúa en el acopiador y termina en las empresas recicladoras. Se estima que un 50 por ciento de los cartoneros habría trabajado anteriormente en relación de dependencia, en el ámbito de la industria o de la construcción. Una vez desocupados, habrían adoptado el cartoneo como recurso temporario de supervivencia, ya que al no necesitar un capital inicial, la actividad se puede empezar y dejar en cualquier momento. Sin embargo, la mayoría sigue cartoneando desde hace más de 5 años.
Son pocos los recuperadores que funcionan legalmente; casi el 90 por ciento sigue trabajando de manera autónoma, en un circuito informal. El acopiador es el que acumula residuos para venderlos a las industrias recicladoras, cumpliendo un rol de bisagra entre la actividad informal (los cartoneros) y la formal (la industria) la cual determina qué, cuánto y a qué valor comprará los materiales para el reciclado. Coca Cola es una de las empresas recicladoras que pauta los precios del mercado.

Recursos

El crecimiento del movimiento cartonero dio lugar a la aparición de una serie de
fenómenos de asociación como organizaciones, cooperativas, trenes especiales para cartoneros, (Tren Blanco) guarderías para hijos de cartoneros, comedores, y otros.
Hoy, se estima que existen alrededor de 40 cooperativas de recuperadores. Dependencias del gobierno, organizaciones no gubernamentales y hasta importantes instituciones de financiamiento siguen movilizándose en clara señal de solidaridad con la actividad.
Los cartoneros acordaron con la empresa de Trenes de Buenos Aires un servicio especial a últimas horas de la noche, conocido como “Tren Blanco”. El tren, exclusivo servicio para cartoneros totalmente desmantelado de asientos, hace unas pocas paradas en el conurbano llevando hasta la capital unos 1.000 recuperadores diarios, que van a trabajar donde más y “mejor” basura encuentran. A pesar de la creencia popular, el tren no es gratuito; los cartoneros pagan 10 pesos mensuales (un equivalente a 3.50 dólares)
por el servicio. Distintos tipos de vehículos sirven a la tarea de recolección. Algunos recuperadores salen en carros de supermercado empujados a pie, otros en bicicletas con canastos, o carros tirados a caballo, muchas veces acompañados de la familia, mientras que unos pocos hacen sus recorridos en camiones o camionetas. Se recicla todo el material inorgánico (papel, cartón, metales, plástico, vidrio, etc.) y se desecha lo orgánico.
La recolección puede realizarse por cuenta propia o puede estar organizada en forma de cooperativas. Algunas cooperativas nacen de la necesidad de conformar un colectivo de trabajo, que ofrezca a los cartoneros un marco de contención y un poder de negociación frente a las empresas formales. Otras cooperativas son impulsadas por organismos del Estado como proyectos piloto; y otras pocas son patrocinadas por ONGs. Es fundamental destacar el papel de las asambleas barriales por su apoyo logístico y de gestión a favor de los cartoneros.
Las cooperativas se manejan bajo el sistema de recolección de residuos diferenciados, lo cual les permite un mejor aprovechamiento de los recursos. Paralelamente, desarrollan actividades artísticas y culturales que a su vez, generan una fuente de recursos extra.
Algunas se están aventurando en proyectos más ambiciosos, como la confección de indumentaria a partir del plástico recuperado. Pero básicamente, el cartoneo sigue siendo una actividad individual. Sólo un 10 por ciento está registrado en los padrones oficiales.

Organización de la actividad

Las empresas recolectoras de basura en la ciudad de Buenos Aires son propietarias por decreto” de los residuos que se encuentren en la vía pública; el gobierno les paga por tonelada recolectada. La actividad cartonera parece haber reducido un 30 por ciento el grueso de la recolección, lo cual genera un grave conflicto de intereses. La presión de estas empresas recolectoras por tratar de limitar la actividad cartonera juega un rol importante en las políticas del gobierno de la ciudad. Luego de más de tres años de negociaciones, los cartoneros logran en enero del 2003 la promulgación de la Ley 992, anulando el decreto que les prohibía levantar basura de la calle. La medida no sólo les permite trabajar, sino que además les allana el camino, pues ya no pueden ser arrestados bajo los cargos de robo o vagancia en la vía pública.
Junto con la aprobación de la Ley 992, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires implementó el uso de bolsas de colores diferenciados para cada tipo de basura.
Simultáneamente, puso en marcha una campaña para crear conciencia de reciclado en la población. Esta se realizó en colaboración con supermercados, comprometidos a entregar bolsas verdes para la recolección diferenciada. La separación en origen es importante porque evita la apertura de bolsas de residuos en la calle, con los riesgos de contaminación que esto implica para los cartoneros y para la higiene pública. Además, el material reciclable que no es separado en origen pierde un 50 por ciento de su valor.
Después de mucho andar y de participar en distintos congresos alrededor del mundo, en el 2005 surge UTRACA, (Unión de Trabajadores Cartoneros de Argentina) con la idea de formar un colectivo para luchar por las reivindicaciones del sector. De cualquier manera, vale la pena destacar que la mayoría de los logros cartoneros se han obtenido a través de gestiones por fuera del sindicato. Una de sus últimas conquistas fue la implementación de medidas básicas de higiene y salud para la actividad, como la provisión de guantes descartables para impedir el contacto con los desechos, la vacunación gratuita contra tétanos y la provisión de uniformes.

Dos ejemplos de cooperativas

El Gobierno ha promovido la modalidad de cooperativas para facilitar la inserción laboral del cartonero en planes piloto de reciclaje. El Ente de Control de los Servicios
Públicos, por ejemplo, promueve actualmente un plan con la cooperativa Nuevo Rumbo, en la zona sur de la capital. Los vecinos de 30 manzanas separan los residuos reciclables en bolsas de color naranja, proporcionadas por los mismos recuperadores de la cooperativa, quienes las reparten puerta por puerta y se encargan de recogerlas en el próximo turno. Las bolsas se obtienen a través del canje: los cartoneros de Nuevo Rumbo ponen parte del plástico recuperado y la fábrica de bolsas les entrega el producto con el logo de la cooperativa. Paralelamente, la cooperativa promueve la actividad entre los vecinos, fomentando el vínculo directo para facilitar la tarea.
Gracias a un crédito extranjero gestionado en Italia por la misma cooperativa, Nuevo Rumbo ya tiene en funcionamiento la primera planta separadora de basura de la cuidad, manejada por los mismos cartoneros. A esa planta, se agregarán este año los dos primeros centros verdes que deben construir las mismas empresas recolectoras, en cada zona de operación.
Estos centros permitirán a los recuperadores desarrollar las tareas de selección, enfardado y acopio de materiales reciclables para su posterior venta a la industria, salteando el paso del acopiador y obteniendo una mayor ganancia. Nuevo Rumbo recupera 11.000 kilos de plástico por mes. La cifra es suficientemente interesante como para que Coca-Cola haya ofrecido subvencionar la cooperativa.
Otro ejemplo es la Cooperativa El Ceibo, que trabaja en un plan similar en el barrio de Palermo. Además de la recolección de residuos diferenciados, El Ceibo está implementando distintos talleres para su comunidad, con la ayuda de instituciones locales. En este momento, dan cursos de procreación responsable y prevención de HIV para adolescentes, de acompañamiento y contención para las familias en situaciones de riesgo, gestiones relativas a documentación e inmigración, etc. También han tramitado becas de estudio para adolescentes y mayores. La Cooperativa El Ceibo contribuyó en el
Programa de Emergencia Habitacional Ley 341, facilitando el acceso a créditos sin intereses para cartoneros en busca de vivienda propia; además, son miembros del Hábitat.
Internacional Coalition (HIC).


Solidaridad

Todo este trabajo social se hace gracias a las redes solidarias que los cartoneros han sabido tejer. Un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la UBA, por ejemplo, ofreció a la cooperativa la tarea de recolectar los papeles de las elecciones internas. El Ceibo estuvo trabajando allí tres turnos durante una semana, levantando todos los papeles, panfletos y vaciando todos los cestos; luego, se llevaron el resultado para su venta. El trabajo estuvo tan bien instrumentado que les propusieron extenderlo a otras facultades.
La Secretaría de Medio Ambiente lleva a cabo encuentros con los cartoneros todos los viernes, destinados a concertar nuevas políticas sociales. Participan de los encuentros las cooperativas de Villa Luro, Bajo Flores, Palermo, Lanús, cartoneros del Tren Blanco, Asamblea de Colegiales, Asamblea de Bajo Belgrano, entre otros. Entre otras medidas, se implementó un registro oficial de cartoneros; paralelamente, se realiza una campaña de vacunación y una recolección de comentarios anónimos acerca del accionar policial, por pedido expreso de los recuperadores. Gracias a este mecanismo anónimo, los cartoneros pueden expresar los frecuentes abusos que sufren, sin miedo a represalias.
El informe de UNICEF detectó la obra de la organización AMI (Alma Mater
Interamericana) que funciona en Bariloche, (sur de la Argentina). La iniciativa está enfocada en la reinserción escolar de los hijos de cartoneros. Cada familia que se compromete a enviar a sus niños a la escuela recibe una compensación económica, o la posibilidad de participar en micro- emprendimientos comerciales cartoneros, como la fabricación y venta de detergentes biodegradables.
Organizaciones civiles e instituciones de financiamiento apoyan a los recuperadores promocionándolos en el exterior, ofreciéndoles cursos gratuitos de capacitación y asesoramiento técnico, etc. El Banco Mundial, por ejemplo, organizó las Jornadas Nacionales sobre Recuperación de Residuos y varias cooperativas fueron invitadas. Diferentes ONGs también formaron parte de los encuentros. La Embajada Suiza ofreció su apoyo a dos proyectos. La Cooperación Italiana, de hecho, facilitó el financiamiento del equipamiento que permitirá a dos cooperativas cartoneras eliminar intermediarios para poder acceder directamente a la industria de reciclado.
La ciudad de Buenos Aires ha puesto en marcha la ley Basura Cero, que apunta a modificar el actual sistema de gestión de los residuos sólidos urbanos. La idea es llegar al 2012 con la mitad de la basura que se envía a los rellenos sanitarios del conurbano. Todo el desarrollo del proceso será supervisado por la asociación ambientalista Greenpeace.

Conflictos

Más allá de todas las iniciativas, el intento de nuclear la actividad cartonera es un tema complicado, ya que se ha tratado siempre de un trabajo individual, sin ningún tipo de experiencia previa de organización. Una mezcla de desconfianza a las autoridades, unida a una serie de graves problemas socioculturales hacen que la participación en las cooperativas sea tan limitada. Según los registros del PRU (Programa de Recuperadores Urbanos) sólo un 10 por ciento de los cartoneros se anotó en los padrones oficiales.
La existencia de nuevas leyes y decretos no significa que su implementación sea efectiva. A pesar del paquete de medidas anunciado por el Gobierno a favor de la actividad, la percepción desde adentro del movimiento es de un gran descrédito hacia las autoridades. Las presiones de las compañías recolectoras siguen existiendo, la Policía los sigue arrestando cada vez que puede y los sobornos parecen seguir estando a la orden del día.

Cartoneros, no hay dinero

Cuarenta mil cartoneros hay en esta ciudad y ninguna ilusión. Por las noches invaden las calles, no hay laburo pero si hay cartones, diarios, papeles, vidrios, etc.
Buenos Aires, "Ciudad de pobres corazones", "La reina del Plata", se llena de changuitos manejados por los cartoneros, que revisan las bolsas de basura, juntan lo que sirve y lo venden, no recaudando mucho más de diez pesos diarios, unos 3 dólares.Los cartoneros, chocan continuamente con dificultades. Un chico murió porque revisando las bolsas, sufrió un corte, y para aplicarle la antitetánica en un hospital público le pidieron que comprara el suero en la farmacia. Por tal motivo se están desarrollando campañas de vacunación para proteger a los jóvenes que están en el oficio.El Gobierno de la ciudad, intentó darle una ayuda a los cartoneros, distribuyendo bolsas verdes, exclusivas para papeles y cartones, así dejarían de correr riesgos a la hora de revisar la basura. Supuestamente en los supermercados, fácilmente se pueden conseguir estas bolsas, pero la realidad indica que a veces, en la puerta de los Supermercados, están repartiendo
folletos promocionando "la campaña de recolección diferenciada", pero a la hora de pedir las bolsas en las cajas, estas escasean.La sociedad de a poco despierta de tantos años de indiferencia, y muchos vecinos separan la basura y personalmente, entregan a los cartoneros, bolsas con papeles y cartones mediante el empleo de bienes escasos”, tan escasos que implica un esfuerzo enorme extraerlos de una realidad que tiene muy pocas alternativas para ofrecer.

Niños cartoneros
Informe sobre trabajo infantil en la recuperación y reciclaje de residuos en Argentina (2005).La Oficina Regional de la OIM en Buenos Aires, junto con UNICEF, dieron a conocer el diagnóstico y video documental sobre el trabajo infantil en la recuperación de residuos urbanos. El estudio se llevó a cabo entre los meses de octubre 2004 y marzo de 2005 en las localidades de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el Partido de Moreno (Provincia de Buenos Aires) y Posadas (capital de la Provincia de Misiones). El aspecto cuantitativo de la investigación incluyó tanto un conteo de la cantidad de individuos involucrados en la recuperación en cada localidad como una encuesta (500 encuestas) de familias para obtener información sobre la actividad que desempeñan y los riesgos involucrados. El componente cualitativo consistió en entrevistas en profundidad (60 entrevistas) con familias de recuperadores e informantes claves que trabajan con niños, niñas y adolescentes que trabajan con basura. También incluyó entrevistas con informantes claves trabajando en proyectos para erradicar esta forma de trabajo infantil y con individuos involucrados en esfuerzos del gobierno, ONG´s y/o los mismos recuperadores para organizar y formalizar la actividad de recuperación de materiales reciclables en las calles de la ciudad. Tan sólo en Buenos Aires, el equipo de investigación contó 8,762 personas que juntaban materiales reciclables de las bolsas de residuos en las calles, en basurales y en el relleno sanitario. Casi la mitad de los recuperadores urbanos (conocidos como "cartoneros" en Buenos Aires) son niños, niñas y adolescentes y el 39% pertenece a familias migrantes (internos y externos). Estas familias ganan un promedio de US$ 21 semanales. A la vez otros los explotan y se benefician de su trabajo. Por ejemplo, hay intermediarios que compran los materiales reciclables y los venden a precios mucho más altos; la ciudad se beneficia porque invierte menos en enterrar y tratar de los residuos en los rellenos sanitarios; grandes compañías de reciclaje compran estas materiales para reciclar y revender; y el medioambiente se beneficia porque se extraen menos materias primas de la tierra. El informe final de la investigación publicado por OIM y UNICEF explica detalladamente los múltiples riesgos que niñas, niños y adolescentes involucrados en la recuperación de residuos enfrentan, especialmente aquellos vinculados con problemas de salud; bajos niveles de rendimiento educativo y abandono; problemas familiares y de barrios peligrosos con viviendas precarias. El informe también incluye un capitulo explicando específicamente los riesgos y desafíos enfrentados por los niños, niñas y adolescentes migrantes involucrados en el reciclaje informal. Actualmente, la OIM y UNICEF en Buenos Aires están trabajando en conjunto para informar al gobierno, grupos de recuperadores urbanos, empresas, ONG´s y el público en general sobre sus hallazgos. Nuestra meta es ayudar a este grupo de actores diversos a trabajar con los niños, niñas y adolescentes para que pueden dejar de trabajar, seguir estudiando y obtener acceso a otros servicios que los mantenga seguros mientras sus padres trabajan. La OIM también esta comunicando la necesidad de mejorar las condiciones del trabajo de los adultos c para que sus hijos no tengan que trabajar. En los meses por venir, la OIM aplicará sus nuevos conocimientos
en la ejecución de un proyecto de microcrédito, "Proyecto Recuperar". La visión de Proyecto Recuperar es erradicar el trabajo infantil con residuos a través de la mejora de condiciones laborales y económicas de sus padres. Por ejemplo, esperamos proveer acceso a microcrédito de moda para recuperadores para que pueden iniciar microempresas. Este proyecto también tiene como objetivos: asegurar la inscripción (y asistencia) a las escuelas de los beneficiarios del proyecto, ayudar con la documentación legal de las familias de beneficiarios (especialmente migrantes externos e indocumentados) y asegurar que los niños, niñas y adolescentes estén siempre en lugares seguros cuando los padres no estén con ellos. La esperanza de la OIM de Buenos Aires es que trabajando juntos con diversos actores, especialmente los recuperadores mismos y el gobierno responsable, los derechos de los niños, niñas, adolescentes y sus familias estarán protegidos ahora y en el futuro.

Acción colectiva- Por qué no protestan

Cuando las clases pobres se rebelan, la causa principal suele ser una situación económica intolerable. A veces, se buscan acciones colectivas; otras, se encuentran soluciones individuales. Los cartoneros no ponen expectativas en la política, independientemente del gobierno de turno. Para ellos, los sectores más empobrecidos no deberían esperar nada, dado que no existe un interés real por reconocer los derechos de la población en general. La única solución está, según ellos, en generar proyectos de manera autogestionada. Para un cartonero, la única forma concreta de “hacer política” es crear nuevas fuentes de trabajo.
“El ciruja no tiene tiempo de ir a cortar rutas, el ciruja vive de su laburo en la calle. No vive de subsidio ni de planes, por eso hace esa tarea, salir a revolver la bolsa de basura”. (Cristina Lescano- El Ceibo).
A pesar de la existencia de UTRACA (Unión de Trabajadores Cartoneros), para el cartonero, la constitución de un ‘nosotros’ le resulta ajena. No existe un proceso de identificación que le pudiera permitir pasar a la acción contenciosa. Por otro lado, tampoco parece ser éste un objetivo. La energía está puesta en el trabajo como herramienta de lucha para recuperar su dignidad.
Si bien los cartoneros creen en la protesta como vehículo de movilización, la ausencia de identificación como colectiva y la negativa a dejar de cartonear para asistir a las marchas son las principales dificultades que enfrentan como movimiento. Un mayor compromiso de participación podría ser el pasaje a una identidad política, cosa que no sucede ni tampoco parece estar en sus planes.
“Cuando apareció el movimiento de cartoneros queriendo hacer un sindicato, estos fenómenos los agarra todo el mundo para después usarnos. Los conocemos a todos, pero nosotros cuidamos mucho el tema político, el tema de la dependencia. Cuando nos venís y nos planteas “bueno mira vamos a pelear, a juntarnos por el precio, pelear una cotización”, ahí vamos a estar. Pero ya cuando tenés que entrar en el tema de la política, no nos interesa. Nosotros, cuando entramos a pedir algo, entramos por ventanilla con la nota, como hace todo el mundo. No le debemos nada a nadie, lo que conseguimos, lo conseguimos porque nos correspondía por vía legal. Nos cuesta muchísimo pero no dependemos de nadie. Nos cuidamos mucho. Los conocemos a todos.”.(Cristina Lescano, Cooperativa El Ceibo) Uno de los desafíos que enfrentan los cartoneros es el de poder enmarcar sus demandas colectivamente, como para poder ir creando una red social que vaya conectando estructuras y recursos. Sólo así lograrán formar una identidad como movimiento, único vehículo para definir un ‘nosotros’ y diferenciarse del resto. Estos son los poderes fundamentales de cualquier movimiento social. Referencias


El tren blanco
El tren que lleva a todos los cartoneros y a sus respectivos carros, apodado como el Cartonero, está formado por una vieja locomotora y unos pocos vagones vacíos con las puertas y ventanas destrozadas. Alrededor de las 14 h llega al barrio de Rita. En cada vagón siempre viajan las mismas personas, habiéndose formado grupos de compañeros que se ayudan unos a otros en la costosa labor de subir y bajar los carros. En el trayecto de ida, los niños y muchachos, se divierten asomándose al exterior a través de los huecos de las inexistentes puertas. Mientras tanto, los padres toman mate, duermen o conversan apaciblemente. El tren tarda 2 horas en llegar a la estación de Chacarita, desde donde parten los cartoneros. Cada uno tiene un recorrido predeterminado. Rita sigue un itinerario laberíntico por las antiguas calles del barrio de Palermo. Algunos vecinos la saludan y varios tenderos de diversos comercios, le dan los cartones, revistas y envases que han guardado para ella. A pesar de estos gestos, la mayor parte de los habitantes de la Capital, los desprecia. Se refieren a ellos con un nombre genérico de tintes racistas: “cabecitas negras”.Durante su recorrido, Rita se encuentra con varios policías. Uno de ellos me exige la documentación. “Tenga mucho cuidado” me advierte al verme a su lado. “Nos consideran unos delincuentes…” me informa Rita, cuando, en la mayoría de los casos, los cartoneros trabajan más que cualquier policía argentino.Al pasar por una esquina, Rita me cuenta de cómo ella, su hija y una de sus nietas, estuvieron a punto de morir. Ellas se encontraban descansando en el cruce de las calles Charcas y Bonpland, cuando dos automóviles colisionaron violentamente aplastándolos contra la pared de un edificio. El accidente le provoco la fractura de su pierna y tobillo derechos. Su hija sufrió la rotura de tres costillas y un brazo, además del aplastamiento del hígado. Y su nieto, de tan solo 2 meses de edad, acabó con un brazo roto y el cráneo fracturado. Los cartoneros deben ir por las calzadas, junto a los coches, motos, camiones y autobuses. Éstos últimos rozan sus carros muy frecuentemente. Por lo que, además de tener que respirar el humo de los tubos de escape, trabajan con el peligro permanente de ser atropellados. La noche avanza y, a partir de las 23h., comienzan a llegar carros llenos de materiales desechados hasta la estación de Chacarita. El de Rita rebosa de: cartones, periódicos, revistas, botellas de plástico, una silla, e incluso una pequeña bicicleta que transporta en la cúspide de su carro. “Es para mi hijo pequeño” afirma orgullosa. Bajo la tenue luz verdosa de las viejas farolas que alumbran el andén, los cartoneros encienden hogueras. En ellas calientan agua para poder tomar mate mientras descansan.Alrededor de las 00h. el tren cartonero regresa para llevar a los exhaustos trabajadores hasta las inmediaciones de sus barrios. Cargar todo lo recolectado durante el día y acomodarlo en los pequeños vagones, es un trabajo muy duro que realizan en grupos. El poco espacio disponible obliga a la mayor parte de los cartoneros, a viajar, durante más de 2 horas, encima de sus propios carros. En la más absoluta oscuridad, y, en ocasiones, a menos de un metro del techo, intentan dormir. Sobre las 2:30 de la madrugada un frenazo, agudo y prolongado, despierta a Rita. Ha llegado a su barrio. El tren se detiene en medio de la vía, no hay ninguna estación o apeadero. Para poderse bajar, Rita tiene que saltar literalmente desde el hueco de la puerta. En Sol y Verde se bajan muchos cartoneros. Pero aún les queda camino para llegar hasta sus casas. Rita y dos de sus hijos, lo hacen a las 3 de la madrugada. Entonces, en la quietud de la noche, preparan agua caliente para, de nuevo, tomar unos mates. Sentados alrededor de la mesa de la cocina, se cuentan las anécdotas vividas durante el día. Antes de acostarse, Rita va a ver dormir a sus hijos más pequeños. Son las 3:30 de la madrugada. Mañana, a las 8, un nuevo día volverá a comenzar.
Grandes generadores de residuos ( 31 de Octubre de 2007 )Once mil grandes generadores de residuos de la ciudad (comercios, bancos, supermercados, restoranes, shoppings y escuelas privadas) comenzaron a separar la basura entre desechos secos y húmedos, los cuales serán recolectados por cartoneros y empresas de higiene. El Ministerio de Medio Ambiente porteño decidió así la incorporación de estos generadores de basura al programa de disposición diferenciada de residuos del cual ya participan hoteles de lujo, edificios de más de 19 pisos y oficinas del barrio de Puerto Madero. Para eso, el ministro del área, Juan Manuel Velasco, firmó la resolución 808 con el propósito de ampliar la cantidad de rubros que participen de la separación de residuos entre secos y húmedos e incorporar, en consecuencia, a 11 mil grandes generadores. De esta manera, se incluirán comercios, industrias y empresas de servicios que posean más de diez empleados a su cargo por turno y bancos, entidades financieras o aseguradoras. Los desechos secos, plástico, papel, cartones, vidrios y aluminios, serán recolectados por los cartoneros, quienes trasladarán el material a los centros de acopio y clasificación distribuidos en la Ciudad para su posterior reinserción en la industria. En tanto, los residuos húmedos, por ejemplo comida, serán recolectados por las distintas empresas de higiene urbana, según la zona correspondiente. El 15 de agosto, el Gobierno porteño lanzó una campaña de separación en origen que obligó a los grandes generadores, incluidos en la Resolución 50, a diferenciar sus residuos entre secos y húmedos. Se considera grandes generadores a hoteles de cuatro y cinco estrellas y también a todos los edificios públicos del Gobierno porteño, la Corporación Puerto Madero y los edificios que tengan una altura superior a 19 pisos. En ese marco, entre Septiembre y Octubre se multó a siete hoteles de lujo de Puerto Madero por no adherir al plan de separación con sumas que alcanzaban los 50 mil pesos. El Ministerio decidió, entonces, ampliar la cantidad de rubros a los cuales abarcaba la iniciativa ambiental con el propósito de enviar los residuos secos a los centros de acopio. Así, los cartoneros urbanos que integran el registro del Gobierno porteño accederán a una mayor cantidad de material.

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